Calle CURTIDORES Kalea

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José María Jimeno Jurío, historiador y ferviente investigador de sobre las costumbres y tradiciones navarras, nos obsequió a todos los estellicas con el libro *Estella y sus calles*.
Cada vez que lo abro, hago un nuevo descubrimiento… y desde hace tiempo tengo la intención de ir transcribiendo aquí algunos fragmentos, los que son relevantes a las calles relacionadas con el Proyecto Piel, con el paisaje curtidor de la ciudad. Empecemos pues con la primera, la que dio nombre al barrio.

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Fotografía extraída del libro *Estella y sus calles*
Calle CURTIDORES Kalea
-De la terminación de la Rúa a la Central Martínez-
      De los cuatro núcleos parroquiales emplazados a la derecha del río Ega, el más oriental del Santo Sepulcro fue el Burgo nuevo, llamado Borc noel o Bornuel por los hablantes occitanos, y Burunel a mediados del siglo XVI. Totalizaba 68 fuegos vecinos en 1366. La rúa de Bornuel, “calle o barrio que llaman Barrio nuevo”, se prolongaba más allá de la muralla y del portal del Santo Sepulcro, a los lados del camio que llevaba a Ordoiz y por el puente del Maz o de la Merced hacia Pamplona.
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Esquema explicativo propio
      Fue núcleo industrial desde antiguo. La corriente del río impulsó molinos harineros y batanes, adoberías, curtiderías y tinturerías. La cofradía de los Pelaires poseyó un “tinte” junto a la “adobería” de la Cofradía de los Zapateros en el Barrio nuevo (1676) y los Dominicos una “rueda” comprada por la Ciudad (1560), llamada molino del Degolladero y del Rastro. Una riada desportilló en 1673 su presa. El nombre de la calle, un molino convertido en central eléctrica, y una importante fábrica de curtidos recientemente desaparecida, evocan una larga tradición artesanal.
      A la altura del que fue monasterio de Santa María de Salas, después de la Merced (actualmente solar municipal), hubo un puente por el que los viandantes, procedentes de Pamplona, Villatuerta, Oteiza y otras partes de Navarra, y los europeos llegados por el Somport aragonés o Ibañeta, podían salvar el Ega y continuar ruta hacia Logroño y Compostela, cruzando los Burgos Nuevo y Viejo por las rúas de San Martín y de San Nicolás. Por su proximidad al monasterio de religiosas cistercienses, hasta mediados del XVI lo llamaron puente de Salas; luego fue de la Merced. Los límites de prohibición de pesca fluvial iban “de la puente de Salas ata la puente de San Juan” (1545). Ahora, cuando del puente apenas hay vestigios desde que una riada lo arrastró, ha sido bautizado con un nombre regio: puente de Sancho Ramírez.
      Entre el camino al casería de Ordoiz y el Ega se alza un crucero de piedra. La cruz corona un capitel  y columna de tambores, como la de Villatuerta. Se trata del único ejemplar del rollo o Picota conservado en la Ciudad. Probablemente recibió a los viandantes que acababan de pasar el puente del Maz para dirigirse al Burgo. En ese caso señarlaría la proximidad del desaparecido puente.
      En Estella hubo varios cruceros que cumplieron funciones de “rollos” o “picotas”. Los hubo en el portal de San Agustín (siglo XVII) y en la plaza del Chapitel de San Juan. El de la pieza del Conde aparece documentado desde la primera mitad del XVI como “cruz”, “rollo que está con su cruz” (1711), “rollo o picota” (1749). Pudo estar relacionado con “la horca en la pieza del Conde” (1624).
      La Picota era un lugar e instrumento de castigo público. Las ordenanzas municipales de 1511 y 1536 mandan enclavar en ella la lengua de los blasfemos y de los renegadores de Dios, de su Madre y de los santos.
            La calle discurre hacia la Ciudad bajo la mirada protectora de la muralla de Belmecher, de su saliente torreón rectangular y del portalete adintelado sobre dobles ménsulas convexas, arco interior rebajado y quicio para encajar la puerta. Predomina en el barrio la estructura tradicional de casas del siglo XVII. Las hay fechadas en 1796 y 1818, y un bloque construído en 1955.
      Más adelante se alza la fachada gótica (siglo XIV), retablo en piedra, del templo del Santo Sepulcro. En el dintel describe la última Cena, y, en el tímpano el sepulcro, las Marías, el descenso a los infiernos, y el Calvario; a los lados de las arquivoltas, los apóstoloes cobijados en las arquerías lobuladas y, abajo, flanqueando la puerta, un prelado y Santiago peregrino. Detrás están las ruinas de las fábricas románica y gótica del templo que fue parroquia hasta 1881.
      Desaparecido el edificio de la fábrica de curtidos, y convertido el solar en playa de césped, la monumental fachada invita a quienes pasan por la carretera procedente de Pamplona, a cruzar la pasarela ya contemplar de cerca tanta maravilla.
      El tempo prestó su nombre al contiguo Portal de la muralla, también llamado “del Barrio nuevo” y “del Matadero“. La Ciudad mandaba cerrarlo cuando llegaban rumores de pestes en el reino; en 1530 permitieron abrirlo a instancias de los Dominicos y de los parroquianos de Santa María y del Sepulcro.
      En lo alto, por donde parece haber sido el barrio judía de Olgacena, preside la mole gótica del convento de Santo Domingo. Lo fundó Teobaldo II por los años 1258. Fue el segundo de la Orden dominicana en el reino.
      Las dependencias se distribuyen en torno al claustro: al norte la inglesia de “San Jayme de los freyes predicadores”, enorme, austera, con sepulcros góticos de gente noble. Al oriente se alinean la sacristía, la sala capitular y el dormitorio, todo construido en vida del monarca fundador. En frente hay un edificio de dos plantas; la baja fue bodega, y refectorio la alta, que aún conserva la base del púlpito para el lector. Luis I de Navarra (1304-1316) mandó separar convento y judería mediante una muralla. “En el monasterio de los frayres predicadores de la villa de Estella” fue firmado un tratado de amistad entre Carlos el Malo y Pedro I el Cruel de Castilla el domingo 22 de mayo de 1362.
      Carlos III el Noble lo eligió como residencia durante los períodos anuales de estancia en la Ciudad. Fue importante centro de estudios. Abandonado definitivamente por los religiosos en 1839, y habilitado para cuartel y hospital militar, al cabo de un silgo ya no era convento, sino las ruinas de Santo Domingo, monumentales, sobrecogedoras, marco para lamentos románticos becquerianos. Restaurado por la Institución Príncipe de Viana de la Diputación Foral y ofrecido a los Dominicos, hoy es residencia para pensionistas.
      A dos pasos está el pequeño tempo románico de Santa María Jus el Castillo, y de Todos los Santos. Cargado de historia, de reformas arquitectónicas y de abandono, la Institución Príncipe de Viana lo está rehabilitando. V.: SANTA MARÍA JUS DEL CASTILLO. El mismo título mariano, Santa María del Castillo, llevó la capilla del interior de la fortaleza “antes de su dirruición”.
      Fiestas del gremio de curtidores: 28 de octubre, día de San Simón y Judas. Hace años celebraban acto religioso, lunch en la fábrica contigua, y bailables en la plaza.”

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